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Coniri y el impacto de la sequía en la agricultura en Oruro

Del: 21 Diciembre 2016

Ipdrs - Karen Gil

Los campos de la comunidad de Coniri, ubicada a dos horas de la localidad de Challapata en el departamento de Oruro, apenas muestran los brotes de quinua que crecen tímidamente en la tierra reseca que se resquebraja debido a la ausencia de las lluvias. Durante el auge de la quinua, estas mismas tierras exponían grandes y coloridas plantas del grano, pero este año, por la sequía que se arrastra desde 2015, esta tierra luce decolorada y agreste. Para el mes de diciembre, las plantas de quinua deberían medir entre 30 y 40 centímetros pero solo algunas llegan a los 20 y la mayoría mide alrededor de 10 centímetros.

“Por esta época ya debería llover, pero fuerte está la sequía. No hay lluvia”, dice Mabel Calani, comunaria de Coniri que pasea por la tierra de sus padres, ocupada por la fuerza por sus vecinos para el cultivo de quinua hace más de cinco años.

Es mediodía de un domingo de diciembre. Desde un cielo despejado, el sol con toda su potencia quema la piel expuesta de las personas que junto a Mabel recorren por estas tierras que por muchos metros no tienen vegetación, con excepción de algunos cactus que sobreviven gracias a su capacidad de almacenamiento de agua.

Como todos los años, la sequía afecta al departamento de Oruro, y cada vez con más fuerza golpea a la agricultura y a la producción de agropecuaria del lugar repercutiendo en la economía de los pobladores. Por esta situación, hasta octubre de este año el cultivo de quinua en el Altiplano Sur cayó hasta un 20% por falta de agua en Oruro, según datos del Centro Internacional de la Quinua. Esto se suma a la pérdida del 31% de la producción de quinua en la campaña 2015-2016 por el fenómeno climático de El Niño, que causó sequías en el todo el Altiplano.

A medida que Mabel y sus familiares llegan a Coniri, que es parte del Territorio Indígena Originario Campesino (TIOC) Marka Tapacarí Cóndor Apacheta, se encuentran con más rastros de la sequía. Mabel señala y muestra el río a sus primos menores, que al igual que ella no habían visitado sus parcelas por varios años a causa del despojo de sus terrenos. Los jóvenes se acercan al lugar indicado y solo encuentran una quebrada seca y pedregosa. Al ver el desconcierto de los chicos, Mabel explica que por ahí pasa el río en épocas de lluvias y que espera que eso suceda pronto, pues de lo contrario será complicado empezar con la siembra.

Luego de un necesario descanso en el caserío abandonado de la comunidad de Coniri debido al calor que supera los 20 grados, la familia de Mabel continúa el recorrido que alberga muy pocas casas de adobe. Tras una hora de caminata están dos estanques de agua, separados por un kilómetro de distancia. Ésas son las únicas fuentes de agua para el riego de los cultivos, pero ahora lucen con poca agua, aun así significa un alivio entre tanta tierra árida.

Por esta quebrada algo de verde asoma desde el suelo, se trata del cultivo de alfa, alfa que crece. Emeteria Quispe, prima de Mabel, le dice que quisiera que sus alfalfares de Challapata crezcan de esa forma para dar de comer a su ganado. “Casi nada están comiendo mis vacas, bien comerían aquí”, exclama.

De acuerdo con los datos de la Gobernación de Oruro, de los 35 municipios de Oruro, 30 están afectados por la sequía, entre ellos los más perjudicados son Turco, Curahuara de Carangas, Choquecota y Corque. Asimismo, esa entidad señala que Salinas de Garci Mendoza, Challapata y Turco son lospueblos con más daños por la disminución de la producción quinuera.

Poca agua en la represa de Tacagua

Los botes que servían para dar un paseo por la represa de Tacagua, antes deslumbrante atractivo turístico ubicado en el municipio de Challapata, están abandonados debido a que el agua no llega ni a la mitad de su capacidad. De acuerdo con datos de laAsociación de Usuarios del Sistema Nacional de Riego Nº 2 Tacagua, esta represabeneficia a 1.200 familias de 43 comunidades de Challapata, coadyuvando a la producción agrícola y lechera. Tiene capacidad de almacenar 45 millones de metros cúbicos de agua destinados a irrigar 6.000 hectáreas, principalmente, en los meses de septiembre, octubre y diciembre, que se distribuye el agua por tres canales y el excedente desemboca al lago Poopó.

Sin embargo, en la actualidad no está cumpliendo con su función por las pocas precipitaciones. Ya en abril de este año,el alcalde de ese municipio, Martín Feliciano, alertó que el agua en la represa de Tacagua no llega ni al 30 por ciento de su capacidad, por lo que en el sector agroganadero de Challapata este año se sufrirá por la falta de agua.

La sequía y la baja producción afecta a los  pobladores

William Quispe, primo de Mabel, trabaja en el colocado de vigas en las construcciones hace cinco años. Él cuenta que en los años pasados tenía mucho más trabajo debido a que los pobladores de Challapata construían casas y edificios gracias a las ganancias de la quinua, pero que ahora que la producción disminuyó, la construcción también. En las mejores épocas, en el mercado de Challapata la quinua cotizaba a más de 2.000 Bs. la tonelada y que ahora está alrededor de 380 Bolivianos.  Esta situación repercute en su trabajo, pues si en 2014 ganaba 120 Bolivianos por día desde el año pasado sólo percibe 95 Bolivianos.

Las familias de Mabel, Emeteria y William, ante el fracaso del cultivo de quinua, paradójicamente encuentran la esperanza de poder recuperar sus tierras y retornar a la comunidad de Coniri, de donde son originarios y donde quisieran desarrollar sus vidas basadas en la agricultura y la producción lechera.

 

 

 

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