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Investigadores del IBIF enseñan a reforestar barbechos en Las Trancas

Del: 15 Julio 2015

PIEB

La comunidad Las Trancas (provincia Ñuflo de Chávez) ha recibido la visita de un grupo de investigadores. A los pobladores les sorprende que esta gente esté interesada en hablar con ellos y que se haya tomado el trabajo de recorrer más de 400 kilómetros desde Santa Cruz de la Sierra hasta llegar a este rincón del mundo en el que los árboles abundan como los edificios en las grandes ciudades. Pero esta visita tiene un fin. El grupo de profesionales, encabezado por Nataly Ascarrunz y Marisol Toledo, directora y coordinadora del Instituto Boliviano de Investigación Forestal (IBIF), respectivamente, tiene el objetivo de monitorear el manejo y aprovechamiento de estos bosques que aglutinan a cientos de especies maderables y cuyo tratamiento de parte de los pobladores indígenas de origen chiquitano no es el correcto.


Esta visita ocurrió en septiembre del 2010, cuando el IBIF decidió poner en marcha uno de sus cientos de proyectos al cual denominó: "Restauración de la vegetación natural en áreas degradadas bajo manejo forestal incrementando el potencial económico del bosque en comunidades de la TCO Lomerío".

Los investigadores habían identificado que en este lugar se hacía una inadecuada deforestación. Muchos de los indígenas se dedican a la agricultura de subsistencia, es decir que chaquean una o dos hectáreas para después sembrar productos de consumo básico, como el maíz. Pero había un error, porque una vez terminada la cosecha, las personas abandonaban ese terreno y buscaban otro sitio para desmontar, aprovechar la madera y realizar su próximo cultivo.

A este espacio que fue desmontado, cultivado y en este caso abandonado se lo denomina barbecho. Y los comunarios de Las Trancas decían que los barbechos no servían para nada, algo que preocupó a los investigadores del IBIF, quienes decidieron realizar capacitaciones orientadas al aprovechamiento de estas zonas boscosas que habían sido degradadas por deforestación con fines agrícolas.

La primera medida fue reunir a un grupo de comunarios y explicarles que en un barbecho podían crecer especies maderables, por lo que no era necesario recurrir únicamente al monte virgen cuando requieran madera. 

Entonces, por cuestiones metodológicas, se escogió nueve barbechos del tamaño de la mitad de una cancha de fútbol para convertirlas en parcelas experimentales, donde se pretendía demostrar el crecimiento del bosque con aprovechamiento maderable. 

Nueve meses después, a fines de enero del 2011, el equipo de investigadores y los representantes de la comunidad retornaron a los lugares para observar el crecimiento del bosque y hacer la poda de rebrotes, es decir, extraer las plantas pequeñas y no maderables. En octubre de ese mismo año, nueve meses después, se realizó la última visita. Y los resultados fueron sorprendentes.
En las nueve parcelas se encontró un total de 2.717 árboles de 20 distintas especies comerciales. Eso significaba un promedio de 603,8 árboles maderables por hectárea, algo contrario a lo que creían los comunarios.

"Lo que hicimos fue enseñar y capacitar a los comunarios con parcelas permanentes para que vean cómo crecen las especies maderables", explica Marisol Toledo, antes de añadir que este proyecto no quedó ahí porque surgió la idea de reforestar esos bosques con plantines de las especies más requeridas. Para ello fue indispensable la creación de viveros donde los plantines se producen a partir de una semilla, algo que también aprendieron los habitantes de Las Trancas. 

"Nosotros les enseñamos cuidar en lugar de seguir degradando el bosque. Empezamos el 2010 y hemos conseguido dos financiadores. La idea es hacer mayor cantidad de viveros para seguir reforestando", argumenta Toledo. 

Éste es uno de los más de cien proyectos del IBIF, una ONG que nació el año 2002 y que hasta la actualidad se dedica a la investigación forestal. Cuenta con una Red Nacional de Parcelas Permanentes ubicadas en la zona oriental de Bolivia y el norte de La Paz, donde se realizan parte de las investigaciones. 

Según Nataly Ascarrunz, en estos lugares se tiene contabilizado a 250 mil individuos de árboles de distintas especies maderables, a los cuales se les hace el monitoreo durante los últimos diez años.

Esta investigadora destaca el aporte del IBIF no solamente en investigación, sino también en la formación de profesionales."Trabajamos fuertemente en la formación de recursos humanos. Hay muchos que son supervisados por nosotros. Y hasta ahora son cuatro los bolivianos que se han graduado con doctorado a través del IBIF", sostiene Ascarrunz, al recalcar que en este momento hay dos investigadores bolivianos que, por medio del IBIF, recibieron una beca para realizar sus doctorados en la Universidad de Wageningen de Holanda.

El IBIF está ubicado en los predios de la Facultad de Ciencias Agrícolas "El Vallecito" de la Universidad Gabriel René Moreno (UAGRM). No depende de esta institución académica, pero tienen varios convenios relacionados con la investigación forestal.

El financiamiento para la realización de cada uno de los proyectos del IBIF proviene, en su mayoría, del exterior. Marisol Toledo asegura que las muchas de las investigaciones fueron apoyadas por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), por el Fondo Flamenco para el Bosque Tropical (FFBT) y por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).

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