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La inversión pública en la agricultura no pasa del 5% en Bolivia

Del: 15 Septiembre 2014

Los Tiempos

Una persona cosecha cebolla en la localidad de Capinota. – Ana Flores Los Tiempos

Entre el 1 y el 5 por ciento del gasto total nacional se destina a la agricultura. Como proporción del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, esa cifra representa apenas entre el 0,1 y el 1 por ciento.

Sin embargo, la participación de la agricultura en el PIB supera el 10 por ciento para varios países de la región, entre ellos Bolivia, El Salvador, Nicaragua y Paraguay.

El promedio es de 5 por ciento para América Latina y el Caribe, según datos de la Agencia de Cooperación Oxfam.

El economista Marcelo Arandia, responsable del programa Medios de Vida de Oxfam, señala que estas cifras revelan que la agricultura recibe menos recursos de los que aporta a la economía, razón por la que apoyar a este sector de forma proporcional a su contribución económica es el desafío.

Gasto público

En una reciente publicación del Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (Cipca), Arandia hacer notar que haciendo un análisis del patrón del gasto público en la región, en las últimas décadas, el apoyo al agro ha supuesto un crecimiento económico del sector de 3 por ciento anual entre los años 1995 y 2010.

Pero el beneficio no ha llegado por igual a todos los actores del sector ya que algunos efectos de ese crecimiento han contribuido a la inseguridad alimentaria, la pobreza rural y el uso no sostenible de los recursos naturales.

Uno de los actores menos beneficiados, a pesar de su importancia, es el de la agricultura familiar.

Según Conchi Quintana, del Foro Rural Mundial, “la agricultura familiar alimenta al mundo” ya que produce el 70 por ciento de los alimentos consumidos a nivel global.

En el caso de Bolivia, los datos del Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras señalan que hay unas 775 mil unidades productivas de las que 94 por ciento corresponden a la agricultura familiar, que proveen al mercado interno de alimentos sanos y diversos.

Arandia destaca que, a pesar de ser la forma de producción predominante en Sudamérica, la agricultura familiar ha sido prácticamente olvidada por las políticas agrarias nacionales, así como desfavorecida por el gasto público agropecuario, persistiendo la pobreza enquistada especialmente en la población campesina e indígena.

Advierten la falta de políticas más efectivas

Como reflejo del desinterés del sector público, el Índice de Transparencia Presupuestaria para la Agricultura Familiar y Campesina señala que Bolivia tiene 34 puntos sobre 100 en cuanto al manejo de una política efectiva en favor de la agricultura familiar.

Para justificar la necesidad de mejor y mayor inversión en la agricultura familiar campesina, Arandia señala que la mayoría de los países de Latinoamérica han dejado de ser economías basadas en la agricultura; pero a pesar de eso sigue siendo un sector estratégico en la generación de empleo, la balanza comercial, la generación de alimentos y el equilibrio territorial.

Las políticas públicas en la región deben garantizar que la agricultura familiar y campesina participe y se beneficie de las iniciativas del gasto público de la misma manera que lo hacen otros  productores.

Sobre todo en Sudamérica, la inversión pública ha priorizado rubros relacionados con la agroexportación, fomentando la producción ganadera, de oleaginosas (sobre todo soya), frutas y hortalizas.

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