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Contratan a Sinohydro para acelerar la construcción de la hidroeléctrica en Cachuela Esperanza

Del: 13 Diciembre 2012

www.bolpress.com

La construcción de la primera megarepresa boliviana demandaría una inversión de más de US$ 2.000 millones, y ya es cuestionada por sus impactos socioambientales. La central hidroeléctrica funcionaría a partir de 2020.

Representantes del Ministerio de Hidrocarburos y Energía (MHE), de la Empresa Nacional de Electricidad (ENDE) y de la empresa china Sinohydro Corporation Limited SA firmaron este 12 de diciembre un memorándum de entendimiento para el rediseño, financiamiento y construcción del proyecto hidroeléctrico de Cachuela Esperanza ubicado en el río Beni, en el norte amazónico de Bolivia.

El gobierno del Presidente Evo Morales planea incrementar la generación hidroeléctrica en el país hasta 6.000 megavatios (MW) en el año 2025, mediante varios megaproyectos entre los que destacan una planta geotérmica en Laguna Colorada valuada en 400 millones de dólares, y los emprendimientos de El Bala y Cachuela Esperanza. ENDE define grandes proyectos para convertir al país en el centro de abastecimiento eléctrico del Cono Sur, aprovechando un potencial de generación hidroeléctrica de entre 35 mil y 50 mil megavatios.

Meses atrás, el MHE y ENDE firmaron un memorándum de entendimiento con la empresa Hydrochina Corporation para acelerar la ejecución del Proyecto Múltiple Rositas, ubicado en el departamento de Santa Cruz. La Central Hidroeléctrica Rositas tendrá una potencia instalada de 400 MW con una producción anual de 2.060 millones de kWh (kilowatts/hora).

Hydrochina, empresa estatal del gobierno chino con más de 60 años de experiencia, elabora un Estudio de Factibilidad del proyecto Rositas que contempla el diseño y las condiciones de financiamiento. ENDE prevé la instalación de la represa de embalse para 2013 (con un volumen bruto de 13.300 millones de metros cúbicos), mientras que la central hidroeléctrica funcionaría a partir de 2020.

De otra parte, el MHE ya tiene el diseño final para la construcción de la gigantesca hidroeléctrica de Cachuela Esperanza con una inversión estimada de 2.500 millones de dólares. La planta tendría una potencia instalada de 990 MW, que casi iguala al actual consumo de energía eléctrica de todo el país. “Eso nos hace pensar ya no a qué departamento vamos a llevar, sino a qué país vamos a exportar energía”, destacó el Presidente Morales, y aseguró que la represa se construirá “respetando y cuidando el medioambiente”.

Este miércoles, el ministro de Hidrocarburos y Energía Juan José Sosa, el gerente general Interino Suplente de ENDE Arturo Iporre, y el representante de Sinohydro Li Wei suscribieron un memorándum de entendimiento para la realización de un estudio que permita acelerar la edificación de la megarepresa de Cachuela Esperanza, ubicada en el límite departamental de Pando y Beni.

“Como gobierno Plurinacional hemos estado trabajando en este tiempo en el pedido del Presidente Evo Morales de generar 6.000 MW hasta el 2025, por lo que estamos acelerando los proyectos de generación hidroeléctrica y esta firma es un proyecto más que teníamos y que estamos muy a gusto de suscribirla con la empresa Sinohydro”, declaró el ministro Sosa.

El estudio contemplará dos fases consecutivas y dependientes. En la Fase I se revisará y optimizará el diseño del Proyecto Hidroeléctrico Cachuela Esperanza en potencia y costo, en un plazo de 90 días calendario. La ejecución de la Fase I no significa ningún compromiso económico para el MHE ni para ENDE. Además, el estudio de Sinohydro será de propiedad intelectual y material del MHE, en virtud a su implicancia con el recurso natural boliviano y en el marco de la cooperación técnica entre ambas partes.

En la Fase II se negociará el financiamiento para la construcción y puesta en marcha de la planta. La implementación de la Fase II estará sujeta a la aceptación formal de la propuesta de revisión y optimización del diseño por parte del MHE y ENDE.

“Muchas gracias por la confianza que tienen en nosotros, Sinohydro es una empresa grande en el ámbito de la construcción de hidroeléctricas y es un honor para nosotros firmar este Memorándum con el Ministerio y la empresa ENDE”, dijo el subgerente general de Sinohydro Yang Tiejun.

En la actualidad, Sinohydro se encuentra trabajando en la construcción de una hidroeléctrica en Ecuador con una inversión de 2.000 millones de dólares. Tiejun prometió que el conocimiento aplicado en esa planta ecuatoriana será traslado al proyecto Cachuela Esperanza.

Un proyecto energético inviable

La construcción de la gigantesca hidroeléctrica en Cachuela Esperanza no es viable en términos técnicos, económicos y ambientales, advirtió el ingeniero del Instituto de Hidráulica de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) Jorge Molina, y consideró que “en esas condiciones cabe preguntarse qué sentido tiene gastar miles de millones de dólares de fondos públicos en la construcción de megaproyectos que no responden a las necesidades del país”.

“Con toda probabilidad, la hidroeléctrica de Cachuela Esperanza no es viable técnica, económica y ambientalmente. Más aún, todo el proceso revela una falta de planificación energética en todos los niveles, incluso el más básico: el de proyecto. Esto es especialmente alarmante si se toma en cuenta que en el programa del actual gobierno se han incluido varios megaproyectos hidroeléctricos, como El Bala, cuya viabilidad es al menos tan dudosa como Cachuela Esperanza”, explicó Molina a la Plataforma Energética.

Según el Molina, desde el punto de vista técnico es muy probable que Cachuela Esperanza sea incompatible con el Complejo Hidroeléctrico del río Madera impulsado por el gobierno brasilero, que comprende la construcción de cuatro represas que aprovechan el desnivel existente en el tramo de cachuelas de los ríos Madera, Mamoré y Beni.

Empezando desde el extremo aguas abajo, estas represas son Santo Antonio (3.150 MW), Jirau (3.300 MW), Ribeirao (3.000 MW) y Cachuela Esperanza (800 MW, según los brasileros). Las dos primeras se construyen en territorio brasilero y, junto con la de Ribeirao, que se ha propuesto construir en el tramo binacional, se ubican sobre curso del río Madera.

El río Madera es el principal afluente del río Amazonas, uno de los cinco ríos más caudalosos del mundo, e irriga casi toda la cuenca amazónica boliviana, abarcando al 63% del territorio nacional. Por el río Madera fluye más del 95% del caudal total de los ríos de Bolivia.

En 2008 los presidentes Lula da Silva y Evo Morales acordaron la construcción de la hidroeléctrica binacional de Ribeirao a un costo de 2 mil millones de dólares. En septiembre de 2011, Marco Aurelio García, asesor de la presidenta Dilma Rousseff, abrió la posibilidad de construir la hidroeléctrica binacional con capacidad para generar cuatro mil megavatios, y confirmó que Electrobras discutía con autoridades bolivianas la factibilidad de la obra.

Sin embargo, Rousseff dijo que aún ve lejana la ejecución del proyecto. “Esa planta está en nuestro horizonte, pero exigirá mucha negociación antes de ser decidida, porque se tiene que decidir cómo dividir la energía”, explicó la mandataria brasilera en una entrevista con radioemisoras del estado de Rondonia.

Para Rousseff “sería un avance” si se negocia las condiciones para la construcción de la planta en la frontera con Bolivia durante su período de gobierno, que concluye en diciembre de 2014. Precisó que en Brasil no hay dificultades porque cuenta con una línea de transmisión desde la región del río Madera hacia el resto del país, pero Bolivia carece de ella, por lo cual Brasil tendría que comprar toda la energía generada por la planta binacional.

La represa de Cachuela Esperanza, la cuarta del Complejo del Madera, se sitúa en territorio boliviano y aprovecha las aguas del río Beni, uno de los dos formadores del Madera. Según el investigador de la UMSA, existen varios problemas de incompatibilidad entre Ribeirao y Cachuela Esperanza, debido sobre todo a la topografía.

Se prevé que el nivel normal del agua en el futuro embalse de Ribeirao sumergiría la casa de máquinas del proyecto Cachuela Esperanza y eliminaría la mayor parte de la caída disponible para generar energía. Además, la potencia instalada de Ribeirao sería tres veces mayor que la de Cachuela Esperanza.

Un informe de la consultora Tecsult publicado en noviembre de 2009 revela que el proyecto de Cachuela Esperanza requerirá una inversión de 2.000 millones de dólares, monto que probablemente no incluye los costos de las líneas de trasmisión. En ese marco, el proyecto sería rentable con la condición de que más del 95% de la energía generada se exporte a Brasil.

Sin embargo, la hidroeléctrica de Cachuela Esperanza generaría un kilovatio-hora (Kwh) a un costo de 6,5 centavos de dólar, es decir 65 dólares por megavatio-hora (MWh), tres veces más que el costo actual en el Sistema Interconectado de Bolivia y 50% más que el costo de la energía generada por Santo Antonio y Jirau (43 dólares/MWh).

Por otro lado, Molina calcula que la represa de Cachuela Esperanza inundaría una superficie 10 veces mayor por unidad de potencia instalada, y cabe esperar que los impactos socio-ambientales sean proporcionalmente mayores a los proyectos brasileros.

El Instituto Brasilero de Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables (IBAMA) advirtió sobre los impactos que las represas del Complejo provocarán tanto en regiones brasileras como bolivianas y peruanas, y consideró que no se estaba dimensionando en su magnitud los impactos y las medidas mitigadoras para garantizar el bienestar de poblaciones y uso sostenible de recursos naturales.

“Los efectos de la represa de Cachuela Esperanza se sentirán a cientos o miles de kilómetros de distancia, en la llanura beniana, en el Chapare o en Rurrenabaque, sobre los peces migratorios y los pescadores comerciales y pueblos indígenas que dependen de ellos para su sustento”, alertó Molina.

Técnicos de Bolivia, Brasil y Perú aseguraron que las megarepresas causarían una posible inundación de bosques y áreas agrícolas, con el subsecuente peligro de extinción de las especies acuáticas, especialmente recursos pesqueros de alta importancia para las comunidades bolivianas.

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