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Apertura de caminos provoca impactos ecológicos

Del: 16 Enero 2012

Bolivia Rural - Administrador

La apertura de vías camineras, especialmente cerca a lugares frágiles, por tanto declarados de conservación, como son los parques naturales, provocan un fuerte impacto ecológico, situación que ya ocurrió, por ejemplo en la zona de San Buenaventura, en la frontera entre los departamentos de La Paz y el Beni.


Una investigación realizada por Marco Octavio Ribera y divulgada por la Liga de Defensa del Medio Ambiente (Lidema), revela esa situación presentada en torno al Complejo Agroindustrial de San Buenaventura, proyecto que se promueve, de tiempo en tiempo, desde los años 70.

Sobre ese proyecto se indica que es una reivindicación desarrollista cívico-regional que en esencia no ha cambiado después de más de 30 años, a pesar de la modificación del contexto y estructura de la figura Republicana hacia un Estado Plurinacional”.

Se recuerda que allí se creó la Reserva Forestal de Inmovilización Abel Iturralde en 1991, la que sin embargo, no tuvo mayores repercusiones en los años siguientes. La carretera entre San Buenaventura e Ixiamas, fue construida entre 1976 y 1991, y la primera oleada de colonos ya se había producido en la década de los 70.

Un segundo impulso del proyecto se produjo el año 2006 desde la Prefectura de La Paz y se habló de producir etanol (combustible para vehículos). “Se replica la figura del modelo extractivista, igual que en la minería o los hidrocarburos, con el aditamento de desembocar en una aventura industrial que está anclada en la lógica de los biocombustibles”.

Se recuerda que la Ley 3546, de fines del 2006 y el Decreto 0637 de fines del 2010, creó la empresa azucarera y se advierte que por todo lo expuesto en ese proyecto “hace prever un elevado costo socioambiental, en una de las regiones más frágiles y con mayor diversidad biológica y cultural del país”.

Lidema afirma que el estado ambiental de la región al sur del río Madidi (piedemonte-llanura amazónica de la Provincia Iturralde), se puede calificar como regular y presenta evidencias de fuertes y recurrentes impactos ecológicos, con tendencias a empeorar.

“A ello contribuye el avance no controlado de las fronteras agrícolas y de ganadería de reemplazo a lo largo del camino principal (San Buenaventura-Ixiamas-Alto Madidi), la colonización a lo largo de caminos secundarios que se desprenden del camino principal, o el vaciamiento de las especies forestales de maderas preciosas durante dos décadas de explotación expoliativa forestal”.

Se indica que las zonas más afectadas por el cambio de uso del suelo y avance de fronteras agropecuarias son el entorno de San Buenaventura, formando un triángulo entre el río Beni, el camino principal y el ingreso a la comunidad El Porvenir y una amplia zona circundante al camino principal en su trayecto hacia Tumupasa e Ixiamas.

CARACTERÍSTICAS “El tramo San Buenaventura-Tumupasa se caracteriza por un intrincado mosaico de barbechos de diversas edades y campos de ganadería de reciente apertura. En todo el trayecto del camino no se observan remanentes del bosque primario o natural propio de esta ecoregión. Sólo en un sector surcado con varias cañadas, se observan manchas de bosque mediano y rodales de la planta palma real, especie relacionada a terrenos con drenaje deficiente y con poco interés para la agricultura. El patrón de intensa modificación ecosistemática en torno al camino, es muy similar al que se observa en el tramo Rurrenabaque-Yucumo”.

Agrega el estudio que las fuentes de agua como arroyos y cañadas que descienden de las serranías tienen poco caudal.

“Muchos de estos cursos de agua han sido afectados por las explotaciones forestales y pueden estar sufriendo efectos de reducción por el cambio climático. La instalación del complejo industrial tiene elevados requerimientos de agua de buena calidad y las futuras captaciones podrían afectar al abastecimiento de las poblaciones locales”, agrega.

También se indica que la mayoría de los barbechos, (tierra que no se siembra durante uno o varios ciclos vegetativos) a lo largo de la carretera, tienen unos 20 ó 25 años ya que los primeros asentamientos datan de cuando el camino estaba en plena construcción a inicios de los años 80.

Agrega que existen barbechos más jóvenes, de unos diez años, que podrían corresponder a sucesivos desmontes. Además hay otros que provendrían de mediados de los años 70, “de la época de los grandes desmontes realizados injustificadamente en la etapa de la primera anunciada instalación del complejo cañero de San Buenaventura promovida por Cordepaz, proceso que indujo al desmonte de amplios espacios de bosques primarios, donde años después se conformaría la comunidad El Porvenir”.

De las 350.000 hectáreas de este cantón se habían adjudicado, hasta 1985, un total de 105.213 hectáreas, es decir un 30 por ciento de esta superficie había sido repartida entre 35 latifundios con un promedio de 3.000 hectáreas por dotación”.

El estudio también señala, que la población indígena, a mediados de los años 90, sólo siete comunidades tenían derechos reconocidos sobre un total de 19.347 hectáreas, para lo cual debieron identificarse como no indígenas. En el año 2006, existían cuatro Territorios Comunitarios de Origen, con un total de 995.342 hectáreas. La población indígena Tacana comprende 27 comunidades, con unos 3.168 habitantes.

Con la apertura del camino se instalaron 29 comunidades cerca a la carretera. Sin embargo, dice la investigación, esos asentamientos se reubicaron o desaparecieron en los últimos quince años desde la zona perimetral de la carretera hacia sectores más interiores.

El análisis de imágenes satelitales reveló que los chacos o cultivos de indígenas son pequeños, en pocos casos sobrepasan una hectárea y denotan una mayor recuperación de la cubierta vegetal. En cambio, la dimensión de los campos de cultivos y de ganadería de las zonas colonas más al sur, las aperturas pueden sobrepasar las cinco hectáreas y los campos de ganadería más de 50 hectáreas.

El análisis de fotos aéreas recientes e imágenes satelitales de hace unos años reveló que el avance de la deforestación y el cambio de uso del suelo (de forestal a agropecuario), en torno a la carretera San Buenaventura- Ixiamas ha sido intenso y afectó decisivamente la franja o cinturón de bosques pedemontanos, distribuidos como una franja de colinas o planicies onduladas.

“En la actualidad, el camino en la zona pedemontana está permitiendo la expansión de la colonización hacia las zonas de la llanura nor-noroeste”.

A inicios y mediados de los años 80 los asentamientos de colonos y sus cultivos iniciales se concentraban en torno a la carretera recientemente aperturada. En el transcurso de unos años, con la caída de la fertilidad de los suelos, las fajas de cultivos se trasladaron a otras regiones o zonas interiores, estructurándose comunidades en sentido perpendicular al camino principal. Los avances de desbosque se proyectaron a ambos lados de la carretera”.
 

La Paz-Beni-Cochabamba: Un triángulo muy frágil 
 

El triángulo tropical húmedo que comparten los departamentos de La Paz, Cochabamba, el Beni y parte de Santa Cruz es en extremo frágil, afirma el investigador Marco Octavio Ribera, en una publicación del programa de monitoreo ambiental de la Liga de Defensa del Medio Ambiente (Lidema).

“Esta ecoregión ha sido muy gradada en varios sectores por efecto de la construcción de carreteras y el incentivo a activos procesos de colonización a gran escala, además de una explotación forestal expoliativa”, señala.

Agrega que los sectores más afectados son los tramos Yucumo-Rurrenabaque-San Buenaventura-Ixiamas y en el Chapare a lo largo del camino Villa Tunari-Yapacaní-Buena Vista, sector donde se han afectado drásticamente los bordes de los parques nacionales Carrasco y Amboró.

Las pérdidas de los ecosistemas naturales pedemontanos (de pie de monte), pueden estimarse en cientos de miles de hectáreas. La colonización avanza desde Yucumo-río Maniqui en el borde oeste del Bosque Chimanes amenazando el pie de monte de la serranía de Eva Eva, mientras que los desmontes de la colonización avanzan desde Tumupasa hacia Alto Madidi (El Tigre)”.

“En el TIPNIS, la colonización para cultivo de coca, ha generado en el sureste (Puerto Patiño-Santísima Trinidad-Ichoa), la devastación de los ecosistemas pedemontanos en una gran superficie, en tanto que la explotación forestal ilegal por parte de algunas empresas, ejerció fuertes impactos en ecosistemas prácticamente prístinos del pie de monte de Oromomo-Asunta”.

El estudio sostiene que las únicas zonas aún no degradas se encuentran hacia el Alto Madidi (río Heath), el borde de Eva Eva en el Bosque Chimanes y las zonas interiores del TIPNIS (sector Sécure-Ichoa).

“De cualquier forma, estos constituyen remanentes en elevado grado de riesgo. Una gran amenaza proviene actualmente de la construcción del camino San Ignacio-Villa Tunari, que cruza el TIPNIS. Otra amenaza a esta región crítica se da en el norte de La Paz y proviene del proyecto agroindustrial cañero”.

El informe  sostiene que uno de los grandes efectos sobre la biodiversidad regional, es la eliminación de las masas boscosas que facilitan el flujo de poblaciones de fauna y flora entre el subandino y la llanura, lo que implica, en el caso del avance de la frontera agropecuaria, la ampliación de las barreras geográficas que limitan o impiden ese flujo.
 

Una región no apta para cultivar caña de azúcar
 

La región de San Buenaventura, en el norte de La Paz y frontera con el Beni, tiene limitantes ecológicas para el cultivo de caña de azúcar, como proyecta el Gobierno. Un estudio de suelos realizado el año 2009 concluyó que la región es marginalmente apta para el cultivo de caña, debido a la naturaleza de sus suelos, y que serían necesarios al menos tres años de experimentación para seleccionar el mejor modelo de producción.

Eso coincide con las opiniones de expertos agroecólogos y edafólogos de alto nivel, que expresaron preocupación sobre una potencial total insostenibilidad por las limitantes ecológicas y logísticas.

“Incluso expertos cubanos traídos por el Gobierno habrían manifestado dudas sobre la sostenibilidad del proceso en la dimensión planteada, dadas las condiciones de la región. Los documentos elaborados primero por la prefectura el año 2006 y después por el Viceministerio de Desarrollo Rural el año 2008, denotan fuerte inconsistencia y no se conoce un proyecto a diseño final”, dice un estudio divulgado por Lidema.

La construcción del complejo demandará una inversión de 140 millones de dólares, de los que se tendrían comprometidos 57 millones destinados a la primera etapa de construcción del ingenio, según la información oficial del Gobierno. El programa de gobierno del Movimiento Al Socialismo denominado “Bolivia Líder”, considera a este proyecto como base para el desarrollo de las economías de la región del norte de La Paz y el Beni.

El Ministerio de Desarrollo Rural, advirtió el año 2010 que la instalación del ingenio demandaría alrededor de 190 millones de dólares, lo que está corroborado en el Decreto Supremo 0637 de septiembre del 2010.

También se advierte que desde hace muchos años la mayor incertidumbre sobre la instalación del complejo agroindustrial en la región tropical amazónica del norte de La Paz, fue la escasa capacidad de los suelos, por ser ácidos y pobres en nutrientes, para soportar a largo plazo una intensificación agrícola como se ha proyectado.

También se menciona un estudio del año 2009 realizado por Conservación Internacional en el que se concluye que la región tiene fuertes limitaciones y que no existen suelos aptos para el cultivo de caña desde el punto de vista de las propiedades químicas del suelo.

“Más de un 90 por ciento del área de estudio, es marginalmente apta y no apta para el cultivo de la caña de azúcar y sólo un 10 por ciento es moderadamente apta, lo que significa que ninguna zona es totalmente apta”, agrega ese estudio.

 

Fuente: Opinion

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